La noche del sábado 14 conocí a Lesli, una pintora de 29 años, amiga de Fritz. Ella me encontró parecido en algo a Luis Miguel, comentario que una vez hizo Marcela Pastene. Yo la encontré muy simpática y le señalé que la sentía como a una persona especial. Es morena y tiene el pelo encrespado; es del signo cáncer y tiene los ojos saltones. Me gustaría verla de nuevo.
Al día siguiente, al anochecer, llamé a Andrea, y nos juntamos a conversar. Le di a conocer el amor que aún siento por ella. Expresó que también me quiere, pero que las circunstancias la llevan a no decidirse a emparejarse conmigo. Indicó que le gusta sentir a su pololo cerca, en forma cotidiana, con seguridad, y que yo me aburriría con sus amistades (diferencia de edad). Después de ser interrumpidos por su familia, quedamos de seguir la charla el lunes en la mañana. No me llamó. El martes le telefoneé y me explicó que “le hacía daño” hablarme. Parece que perturbé su existencia. Pienso no darme por vencido, y hacerle el empeño periódicamente.
Hace un par de semanas atrás, me encontré con Mariana. Dialogamos por un buen rato. Dijo que para mi cumpleaños aún creía en una reconciliación, pues me sigue queriendo. Afirmó que si seguía pololeando conmigo se iba a enamorar, pero que como no quería sufrir más, decidió terminar. Expuso que le aterraba la incertidumbre que yo represento, y que ya no desea más pololeos a distancia. Me pidió que no perdiéramos el contacto.
El hermano de Carola comentó que yo estaba bueno para trabajar como vedetto. La mamá de Mariana aseveró que ahora –sin barba- se me ven más mis ojos “amarillos”.

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