Varias veces me ha pasado que me siento repulsivo para las mujeres. Es una tremenda inseguridad, que, de todas maneras, debe delatarse o comunicarse hacia las personas.
Ayer se vino Gabriela con sus maletas. Conversó con mi mamá. Por la noche, me quedé con ella solo. Conversamos de muchas cosas: yo le conté anécdotas y “condoros” con mujeres; mis ideas y experiencias. Ella hizo lo mismo. No existe la no comunicación. Estábamos sentados juntos cuando Pepe se fue. Luego, ella se cambió de asiento. Pasamos horas charlando. Preparó fideos y yo compré una cerveza. Escuchamos música de Uruguay. Me mostró un par de fotografías. Una era de Diego, su pololo durante cinco años. Encontré cierto estilo parecido a mí (aunque él es más “mino”): moreno, pelo corto, un poco de barba, región cejas de la frente abultada, etc. Ya a esa altura me gustaba, llegando a dejar a Anita en segundo lugar. Llegó Pepe y se armó un bailoteo. Al comienzo era entre los tres, y cada vez más fue volviéndose entre ella y Pepe. El par de veces que yo iba a comenzar a bailar un lento con ella, se corrió. No obstante, nos mirábamos y se reía conmigo. Yo me caí y me corté la mano. Al final, ella se acostó con Pepe, y yo quedé botella (para variar).
Me cuestiono: por qué a Pepe le ha ido tan bien este año con las mujeres, y, en cambio, a mí me ha ido como el forro. Creo que una gran parte se debe a una muy distinta actitud, y, por lo tanto, conducta. Él es entrador, canchero, ingenioso, entretenido, amable, atento, alagador, coqueto, hablador, asertivo, seguro, etc. Todas, características que yo no poseo (hasta ahora).
Debo cambiar, o, si no, voy a perder, no tendré nunca de pareja a las mujeres qque más me gustan, y sólo tendré que conformarme con las que me busquen. Si pude vencer en gran parte mi neurosis obsesiva, debería poder lograr este cambio.
Yo había superado mi tranca o timidez en buena medida, pero, desde enero de este año a la fecha, he tenido un retroceso grande. Casi ocho meses negativos.
Como en otros ámbitos, en la relación con mujeres potenciales amantes o parejas hay que tener una metodología eficaz. De mi experiencia hay lecciones o moralejas que puedo reconocer: el respeto por los sentimientos del otro; la honestidad, sinceridad y transparencia (si estamos confundidos, decirlo); conocer adecuadamente a la niña antes de embarcarse en relaciones de pareja; preferir la prudencia, no atolondrarse cuando sabemos que le gustamos a alguien; elegir las parejas, y no ser siempre elegido (pasividad). Sé que me falta mucho por aprender; soy inmaduro y tengo poco manejo todavía.
Al escribir me desahogo un poco. El otro día lo hice conversando con Ernesto. Él dijo que yo era del tipo que le gusta a las mujeres, pero que con mi comunicación analógica (meta comunicación) las alejo porque como que les digo que no estoy ni ahí con ellas. Varias veces me han dicho que soy bonito, pero también estoy consciente de que no soy un “mino”. Lo que no he asumido es que, muchas veces, lo más definitorio para el “éxito” con las mujeres es la personalidad. Es aquí donde a mí me falta mucho. Tendría que ser más cortés, “coqueto”, cariñoso, simpático, decidido y perseverante, etc. Para esto, hay que puro atreverse, practicar, ponerse metas. En estos momentos hay dos flacas que me gustan: Anita y Gabriela. El contacto está hecho, las seguiré viendo. Suponiendo que yo les guste a las dos, no emparejarse con la que resulte primero, si no con la que más me guste. Tomar en cuenta que a las personas suele sucederles que en un primer momento no les gusta alguien, pero con el tiempo y la perseverancia lo van empezando a querer. Y viceversa. Controlar la ansiedad, que puede actuar en contra .
domingo, 27 de agosto de 1995
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