Es curioso cuando uno pasa los días, y la mente se va y piensa en alguien. Ahora me imagino una relación con Anita, estando con ella, conversando, haciendo cosas, etc. Lo divertido es que apenas la conozco, sólo hablé con ella unos cuantos minutos. Mi cerebro se encarga de procesar esa información y configurar su persona. Esto es pasarse películas o “ilusionarse”. Bastó que Marcela dijera que me mandó muchos saludos, para que yo me pusiera contento, me subiera el ánimo, y me creara expectativas. Las otras mujeres pasan al fondo, a segundo plano. De querer tener varias amantes, paso a preferir estar con ella (aunque sin dejar de rechazar la exclusividad). He soñado con ella; no me doy ni cuenta y estoy imaginándome conversaciones con ella.
Anita le gustó a Gustavo y a Pepe. Supongo que también a Igor y a su amigo. Es extraño que no esté pololeando. Debe tener un montón de pretendientes.
Ella me contó sus penas: la muerte de su papá; el rompimiento con su novio; el pololo que la abandonó con un hijo; el suicidio de un amigo; tener que trabajar en algo que no le gusta mucho. Estudió secretariado e inglés en un instituto. Afirmó que lo más importante en su vida es su hijo. Es sintomático que me hayan gustado varias mujeres con hijos. Debe ser por una ternura que se les trasluce.
Me encantaría que pudiera llegar a ser su pareja, pero sé que, de no resultar, la frustración será grande. No obstante, voy a hacerle empeño, sin atolondrarme, pero me la jugaré.
Por lo que recuerdo, ella no supo muchas cosas de mí. Tampoco me pareció que me mirara de una manera especial. Más bien fue algo de proxémica, de ondas, vibraciones, etc. Aunque también puede ser rollo mío. La última vez que me sentí “enganchado” fue con Carola, en diciembre del año pasado. Otras niñas que me han provocado esta sensación han sido Alejandra y Graciela. A esta última le dediqué varias líneas como en octubre de 1993. Lo común de las tres es que son flacas, con rasgos finos, y dulces.
Anita estudió en el colegio Marshall, famoso por recibir a los alumnos expulsados de establecimientos del barrio alto. Ella tiene 28 años, y un hijo que se llama Stefano. Me contó que gana como $ 150 mil mensuales, que vive con su mamá y tiene hermanos mayores y casados. Tiene una inocencia “naif”. Obviamente, la he asociado con Claudia Soto. Ojalá no sea tan mal genia.
miércoles, 9 de agosto de 1995
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