miércoles, 19 de febrero de 1997

Esta semana he sentido los síntomas que tuve durante la depresión: angustia, ansiedad, inseguridad, desánimo, sueño, flojera; cualquier tarea se me hace difícil; todo lo veo complicado. Hoy comencé a tomar nuevamente fluoxetina. Mi desajuste nervioso anímico coincide con los preparativos para mi traslado y el de la imprenta a San Antonio. El trato con el directorio de Unpade ha sido conflictivo y desagradable; los arriendos están tan caros como en Santiago. La incertidumbre es grande. He pasado varios días sin descansar ni actuar, porque todavía no está claro dónde nos instalaremos ni cómo haremos la mudanza. Con lo único que contamos es con algo más de doscientos mil pesos en caja, y con la pensión de trescientos y tantos mil que recibe Walter. De acuerdo a las primeras estimaciones, necesitamos invertir por lo menos un millón de pesos para trabajar en condiciones aceptables en el puerto. Además, Walter tiene que arrendar una casa en la playa a partir de marzo.
Hay varias cosas que me desagradan de una metrópoli como Santiago: contaminación atmosférica, acústica, etc.; pérdida de relación con la naturaleza, falta de identidad barrial; agresividad de la gente, atomización, etc. Como dice el libro “El zoo humano”, las personas se desequilibran sicológicamente, en sus emociones, estados de ánimo y adquieren conductas antisociales. Tal cual se ha analizado, una ciudad a escala humana debería tener un máximo de un millón de habitantes, con bastantes parques, áreas verdes, centros sociales y económicos, núcleos artísticos, y rodeada de zonas agrícolas.

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