lunes, 27 de enero de 1997

El sábado en la noche fuimos a una salsoteca con Sergio e Isabel. Yo no me atreví en toda la jornada (unas dos horas) a sacar a bailar a una de las mujeres que allí había. Esa tranca histórica la he superado sólo en contadas ocasiones. Es una especie de paranoia: qué pensará de mí, qué le voy a decir, y si me rechaza la invitación?, etc.En 1989 integré por primera vez un grupo anarquista, a los 22 años. No obstante, ya en 1986, a los 18-19 había participado en un conglomerado filo libertario: el RIA. Como lo he dicho en otras partes, mi preocupación social comenzó cuando tenía unos 12 ó 13 años (1979-80). Previo a eso, creo que es significativo mi actitud con respecto a dos instituciones que estaban presentes en mi colegio: los boy scout y la Catequesis para la Primera Comunión. Cuando veía a los lobatos y alitas y, después, me invitaban a los scout o ruteros, siempre mi objeción fue que los jefes no eran nombrados por los integrantes, sino que, como los milicos, eran designados por los jefes superiores. En cuanto a la segunda instancia, para la cual presionaron para que yo la hiciera, incluso con la cancelación de la matrícula, en mi reflexión de niño me parecía algo absurdo, y una intermediación innecesaria entre Dios (en ese tiempo era creyente) y yo.

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