martes, 12 de octubre de 1993

Hace unos días entré a una fábrica de pantalones. En una planta habían cientos de operarias. Muchas jóvenes, de sectores populares; varias me eran atractivas. Hay cualquier cantidad de mujeres y uno de repente se achaca porque una no pesca.

Según el Censo de 1992, hay 242 mil mujeres más que hombres. Qué cantidad de posibilidades. Sin embargo, a veces me parece tan complicado conocer mujeres. Lo paradójico es que están por todos lados y, no obstante, uno conoce a una ínfima parte de ellas. Qué desperdicio.

En el cumpleaños de Claudia Hidalgo conocí a otro “guari”. A él le dicen así desde que tenía 13 años, por practicar natación (“guarisapo”). Primera persona que sé que le dicen así. Por lo menos el mío es wari, con w.

El sábado en la noche estuve con la Marcela. Me contó sobre su aborto, y toda su angustia y culpabilidad. Qué manera de influir el discurso de la Iglesia Católica. Ellos han hecho un trabajo comunicacional de lujo, asociando el aborto a los crímenes contra el derecho a la vida. Qué macabro, relacionar el aborto con la tortura o la violación a los derechos humanos.

Compromiso conmigo mismo: me masturbaré sólo una vez por semana, excepto cuando exista un estímulo visual de mujeres, ya sea luchadoras o lésbicas.

Cosmos, universo, el todo que es más que la suma de sus partes. Esa conciencia que unifica ha pasado de manos del cristianismo a los Estados nacionales. Tolstoi planteaba que la anarquía podía llegar a ser esa nueva religión. Hoy podría llamársele ecología.

Situaciones a comentar: relación con Anke y con Sandra; con María Inés.

Marcela dijo que me parecía a Luis Miguel. Una vez se figuraba que yo era como un actor de “Pantanal”. Eso fue cuando tuvimos sexo en la casa de Pepe. Ahora señaló que yo parecía un “pachá” árabe.

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