Segunda vez en mi vida que una chica me pincha, nos besamos, aparenta que le gusta, y luego arranca y no me pesca más. Esta vez fue para el Año Nuevo, en la disco “El gato volador”. Allí una lola alta me pegó unas miradas muy intensas. Me acerqué, bailamos, hablamos un poco y nos besamos. Una de sus amigas me preguntó si yo era extranjero; otra señaló que me había visto en Internet. Creo que se llama Karin, tiene 17 años, pasó a cuarto medio y juega basketball. Al despedirnos acotó que tengo lindos ojos. Quedamos en que ella me llamaría por teléfono o me ubicaría en la casa. Ayer en la tarde me parece que la divisé, y ella se fue corriendo, como para esconderse de mí. Qué extraño… parece que sólo le gustó mi pinta.
Sara me contó que su amiga Daniela me halló buen mozo, y ella afirma que soy encantador para las mujeres.
El 30 y 31 de diciembre estuve con Paola; fuimos al faro Corona, Ahui, Quemchi y Dalcahue. Dormimos juntos en la noche, y me regaló un frasco de dulce de sauco que compró en San Martín de Los Andes. Sara se molestó porque no le pedí permiso para que Paola se quedara; el tirón de orejas me lo dio Alfredo.

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