sábado, 19 de enero de 2002

Reencuentro con Andrea. El matrimonio de Johanna y Wolfi se llevó a cabo entre el 12 y el 13 de enero, en Peñablanca.

Andrea estaba sin pareja y cuando nos vimos me pareció que su mirada era más intensa que otras veces. Por orgullo, aparte del saludo protocolar, yo estaba decidido a no tomar ningún tipo de iniciativa. Bailé con su hermana Teresa, y con Mili, con quien tuvimos alguna onda sensual. Luego del ritual de la torta, Andrea se acercó a mostrarme su regalito: una pequeña ranita, a lo que yo aludí un comentario acerca de los príncipes encantados. En ese momento sentí su cuerpo pegado al mío. Cuando repartieron los trozos de torta, ella me escogió uno, y a continuación me pidió que la acompañara al baño. Estábamos un poco mareados por los tragos, así que todo se dio fluidamente. Antes de llegar a las “casitas” la tomé por la cintura y ella me abrazó. Nos besamos apasionadamente. Después, proseguimos en el salón donde dormían los niños, y terminamos bailando en un pub discotec que había el lado. Todo esto para que no nos viera su familia. En un ataque de impulsividad, Andrea me propuso matrimonio; yo respondí que se tomara las cosas con más calma. Además, le recordé que con nuestro anterior relación yo había sufrido como nunca, pues ella es la única mujer por la cual yo habría dejado mi apreciada soltería. Cuando la fiesta llegaba a su fin, nos separamos para que nadie nos viera volver juntos.

A la siguiente noche, nos encontramos en la casa de la tía Yuliana; ella me ayudó a levantar la mesa. Estaba distante y manifestó cierto arrepentimiento con respecto a su actuación de la noche anterior. Argumentó que no sería bueno involucrarnos, ya que no deseaba hacerme sufrir nuevamente. Le expliqué que yo ya estoy vacunado y que me siento inmune a los enamoramientos. Andrea no se relajó y quedamos de vernos en Santiago. Una vez en la capital, la acompañé al Consulado de España, y, posteriormente, nos fuimos a hacer un picnic al Parque Forestal. Allí conversamos tranquilamente; le propuse que diéramos vuelta la página del pasado y que para adelante nos tomáramos las cosas relajadamente; que nos conociéramos más y que mantuviéramos una comunicación permanente. Ella insistió en que no quiere aprovecharse de la situación: que yo sea como su “cartita bajo la manga”, para consolarla luego de sus decepciones. Repliqué que no se preocupara, que para mí es un placer fungir como “sucedáneo de príncipe azul”. Nos abrazamos, nos acariciamos y besamos nuevamente. A la mañana siguiente la acompañé al terminal de buses. En febrero se va por cuatro meses a Madrid, por lo que ya no nos veremos probablemente hasta junio.

No hay comentarios: