jueves, 22 de enero de 1998

Hoy en la mañana, después de un sueño perturbador, me desperté con una sensación amarga y angustiosa. Fui al baño a hacer mi ritual para colocarme el lente de contacto, y, después de tomar la precaución de poner el tapón al lavamanos, limpié el lente con el jabón especial, lo enjuagué y lo puse en el dedo. Creí instalarlo en el ojo, vacié el agua, y, al mirar hacia la cortina, me percaté de que seguía miope. Busqué el lente mirándome el ojo izquierdo en el espejo y no lo encontré. Revisé el piso y el lavatorio; saqué el sifón y no estaba. Desarmé todo el artefacto y observé el interior de las piezas y el suelo. Nada. Nuevamente perdí el lente izquierdo en el mismo lugar. Moraleja: nunca las precauciones son suficientes cuando se trata de operaciones delicadas; estar concentrado en la acción es fundamental. Además, debo ocuparme con más ahínco por mis asuntos íntimos, e interiorizar su importancia: aseo, higiene, salud, vehículo, vestuario, dormitorio, etc. Tengo que ser menos dejado en ese tipo de cosas.

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