jueves, 5 de octubre de 1995

La onda con Gabriela me ha subido el ánimo, pero, al mismo tiempo, ha servido de razón para desatar mi tendencia a evadirme de mis responsabilidades laborales.
Pendiente o con atraso: La Hoja, informes Rastrees, Memoria.
De vuelta del taller lloré un poco. La angustia existencial está aquí nuevamente. La abulia se aproxima. Me di cuenta que este mes, en que mi ánimo mejoró, fue como un veranito de San Juan, producto de la atención que puse en Gabriela. Me evadí de eso que me tiene atravesado, de mi crisis; me distraje por un momento. Tengo ganas de mandar todo a la cresta, de dejarlo todo, de borrarme. Veo dos posibilidades de ambiente: uno urbano y otro rural. En ambos, lo único que quiero es poder leer, escribir, dibujar, hacer manualidades, artesanías, ejercicio, etc. En el primero, podría ser el que haga las labores domésticas y cuide a los hijos de mi pareja, y en la rural, un campesino o pescador (o una combinación de ambas).

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