viernes, 25 de junio de 1999

Ayer fue uno de esos días mentalmente tormentosos, en que me ataca la desesperación, el desasosiego y la angustia. El choque entre mis auto exigencias de perfeccionismo y mi sensación de impotencia me genera una tensión muy fuerte. Lo que gatilló ese estado fue la Memoria; para mí la autogestión es un tema trascendental y desearía aportar de buena manera a su expansión, pero la historia muestra que es una empresa dificilísima, y dudo que mis capacidades actuales estén a la altura de las circunstancias.

Anoche soñé que al entrar a una estación de TV se extraviaba mi cédula de identidad, por lo que no podía acompañar a mis pares, y tenía que deambular por otras dependencias hasta esperar que salieran. Después de andar vagando, la Cecilia me llevó a una oficina en que tenían un archivo con muchos carnés míos, pero con fotos de cuando era niño, en las que, cómicamente, aparecía con anteojos. El papá de mi amiga también apareció en el sueño.

Otras escenas de los sueños tienen que ver con el puerto, mujeres, el barrio de mi niñez y el encuentro con una dependienta de un local en que vendían artículos de cuero. Yo pedí ver un llavero, pero cuando me dijo el precio, lo encontré muy caro y lo devolví. Al notar que la niña me trataba con especial atención, le solicité que me mostrara un cinturón. Cuando fui a observarlos, me di cuenta de que ella se empolvaba la cara. Lo divertido fue que, mientras estábamos conversando, yo me desperté, pero, mentalmente seguí el diálogo por un instante. Pero, en ese momento, tomé conciencia de que la gracia del sueño es que los acontecimientos ocurren “como” si fueran independientes a nuestra voluntad, lo que los hace aparecer como conformando un mundo que tiene sus propias “leyes”. En cambio, en la vigilia, al imaginar situaciones, es uno quien las crea y “maneja”.

Volviendo al sueño del carné de identidad, me parece que, en un momento, yo estaba como en un camarín de periodistas, y creo que vi al Pepe y a otros del canal 13. Recorrí algunos pasillos y llegué a unos grandes salones con animales, pero que eran una especie de hologramas.

Hoy, al prepararme el desayuno, pensé que no debería descartar ninguna posibilidad para mi vida después de este proceso de Memoria – Examen de Grado. Tengo 32 años, soy soltero, no tengo hijos, y estoy –creo- con buen estado físico. Me gustó mucho pensar en volver a estudiar en la Universidad. Podría ser Antropología, Sociología o Economía. Llegué a ello reflexionando sobre el ofrecimiento de Mauricio para hacerle clases de matemáticas a su polola. De ahí, pasé a la idea de dedicarme a hacer clases para preparar las pruebas de aptitud (verbal, matemáticas e historia de Chile) y la específica de ciencias sociales. Para volver a entrar a la universidad, tendría que averiguar en alguna tradicional (no privada), fuera de Santiago, si necesito volver a dar la PAA, y la probabilidad de conseguir crédito.

Por el momento, en los próximos tres meses (julio, agosto, setiembre) mis ocupaciones serán: elaborar la Memoria, estudiar para el Examen, conseguir la materia que me falta (Vlas y Tito), arreglar mi bicicleta, pintar las cajitas de madera (regalarle una a la Rosario U.), colaborar con el Chago; bailar en fiestas, caminar por los cerros, y playas, visitar a personas con vínculos significativos, leer y estudiar materias de mi agrado; confeccionar un artículo para Ximena; tocar guitarra, pintar.

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