jueves, 18 de febrero de 1999

Hace un par de semanas, en la inauguración del depto. De una chica ex polola de Víctor Herrero, conocí a Amparo. Ella es una española, de 24 años, oriunda de Cantabria. Está haciendo su práctica profesional en la embajada de su país; llegó en junio del 98 y su pega dura hasta mayo de este año. Es alta, relativamente delgada, piel clara, pelo castaño claro, y ojos grisazulados, creo. Su voz es dulce, y sus movimientos y ademanes, suaves. Me dijo que nunca ha tenido un romance con un hombre, debido, en parte, a que sus padres siempre fueron muy represivos con ella. Como forma de rebeldía, en su adolescencia se hizo fanática de Iron Maiden y del Heavy Rock. Al comienzo, me sentí muy entusiasmado con ella, pero al cabo de unos días, se me ha ido quitando el interés. Como ocurre lo mismo con Paula, creo que tiene que ver el hecho de que no deseo que ellas se hagan muchas ilusiones, porque no tengo ganas de que por mi causa la pasen mal.

De las mujeres que he conocido últimamente, me atraen: Claudia, la amiga de mi hermana; Pía, la hija de la Tato; la amiga de Cecilia. La Ceci me contó que ella había escuchado a varias mujeres decir que me encontraban atractivo, con pinta “exótica” u “oriental”. La Tato le comentó a Flin que yo le parecía más o menos “bueno”. Me hace bien, para mi ego y autoestima, escuchar esas opiniones.

El sábado en la noche la pasé con Rafael Sotomayor. Conversamos bastante, y fue rico sentir una buena onda entre ambos. Al otro día, en la tarde, me reuní con Ezio, en su oficina. Él es otra persona más que afirma que yo no tengo manejo de mi circunstancia, como que no controlara mi rumbo; y que tendría que aparecer una mujer que me “conduzca”.

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