martes, 23 de febrero de 1999

He tenido momentos con sensación de ansiedad, por no poder estar en todas partes a la vez, por no poder participar de todas las obras humanas, por no poder conocer o sentir todo lo que ocurre. En esos instantes me explico por qué el ser humano ha creado la idea de Dios; ha sido –en parte- su anhelo de controlar y estar presente en todo. A esto, habría que sumarle la angustia por la finitud y la fragilidad de la existencia.

Otra percepción que me asombra es que en la cultura chilena pesa enormemente lo que opinen los demás. De hecho, muchas veces me doy cuenta de que mi conducta se guía por el afán de agradar o lograr la atención de los otros. Hay veces en que no sé si lo que quiero es porque realmente me gusta a mí, o porque será comentado con gracia por la gente que me conoce.

Al estar en una situación de posibilidades abiertas (nunca tantas, pero sin nada muy claro) –como es mi caso- se palpa más intensamente el fenómeno que significa que cada decisión o elección entre alternativas, implica cerrar las opciones que no se escogieron (por lo menos por un tiempo).

¿Qué hacer para vivir, y no sólo sobrevivir, en un sistema social como el chileno, que me desagrada profundamente? Ya han sido varias personas que me conocen, las que me han dicho que lo mejor para mí es irme a otro país, en donde encaje más dada mi forma de ser. Creo que ven que me estoy convirtiendo en un desadaptado, marginal, aislado, etc.

Culturalmente, pertenezco a la clase media con educación superior, “acomodada”, pero, económicamente o por mi nivel de ingreso monetario, me ubico entre los pobres del país (en 7 años, un promedio de 50 mil pesos mensuales).

¿Qué cosas no me gustan de mi país?

La cultura huachaca, tipo Miami.

El clasismo

El racismo

El machismo

El consumismo

La cultura organizacional individualista o “asolista”.

La gran diferencia de ingresos.

La inmensa hegemonía en comunicación social de masas que tiene la “derecha”.

La mojigatería católica; cartuchismo victoriano.

La obsesión por la fama, el éxito, el triunfo.

El desarrollo del estilo gigantismo (rascacielos, malls, etc.)

No me debería extrañar no tener una pareja permanente, ni hijos. Mi gran contradicción es que, a pesar de mi postura crítica, siempre recurro a mi carta bajo la manga para sobrevivir: mis familiares y amigos, manifestación concreta de mi clase social. Esa fue la acusación que me hizo un día Carlos Martínez.

Qué es lo que me gusta, independiente de mis culpas, sentimientos de deber, o deseo de agradar a quienes aprecio. Además, está esa estúpida tendencia a compararme con otros: cantidad de relaciones con mujeres, de aventuras, etc. Cuesta hacer abstracción de esas influencias.

Podría afirmar que las siguientes actividades me “llenan”:

Conocimientos enciclopédicos (Ilustración)

Evolución de las ideas (Oriente y Occidente)

Historia universal

Vida social (amistades, familiares)

Historia de las artes (pintura, escultura, arquitectura, teatro, cine, música, danza)

Técnicas manuales (electricidad, grifería, construcción en madera, metal y cemento)

Artesanías utilitarias

Excursiones y viajes en bicicleta

Por qué de un tiempo a la fecha ando con sensación de insatisfacción, un dejo de amargura, ansiedad, poco contento? A veces pienso que, quizás, sean trastornos internos míos, de tipo bioquímico o de neurotransmisores, por ejemplo. A lo mejor, tiene que ver con el no tener un ingreso periódico adecuado, con no estar emparejado, con no saber lo que quiero, etc. O, tal vez, es una combinación de factores endógenos con otros de mi entorno. Qué me impide sentirme feliz regularmente? Será la incertidumbre…

No será que desde pequeño fui “programado” para convertirme, cuando “grande”, en un personaje famoso, destacado, una eminencia, o algo por el estilo. Puede ser que al llegar a ser adulto joven sin poseer esa “posición” haya una parte de mí que se sienta frustrada. Pero, también hubo un yo que se rebeló contra esas expectativas, y que empujó a hacer todo lo contrario de lo que se proyectaba como “exitoso”. Junto con esto, están las culpas y sus consiguientes autocastigos: por haber nacido en una familia de clase media “acomodada”, por haber tenido buena capacidad intelectual, por haber tenido acceso a buena educación, salud, vivienda, alimentación, esparcimiento; por haber tenido una relativamente buena “facha”, etc. Todas condiciones que en una sociedad elitista, clasista y racista como la chilena, influyen tremendamente para el desenvolvimiento de las personas. Me da rabia que para la gente no basta con que yo sea un buen tipo, correcto, educado, sin vicios ni mañas, con buena disposición para ayudar, cooperador, etc. Como que muchas personas creen que yo sería una especie de desperdicio si es que no me encamino para ser alguien “grande” o “importante”. No sé por qué este asunto del Examen de Título me produce una reacción tan negativa. No sé por qué se me hace tan difícil el tema de “ganarme la vida” con mi trabajo. Creo que está relacionado con una sensación de impotencia que me acompaña desde hace un tiempo. Una curación podría venir por el lado de ir logrando pequeñas cosas que me he propuesto.

Este año se cumplen 15 años desde que terminé el Colegio. Va a ser una experiencia rara encontrarme con mis ex compañeros, para quienes siempre fui el primero, ahora soy –en términos económicos- el último. Va a ser interesante captar su manera de comportarse para conmigo. Además, debo ser uno de los pocos que quedan solteros y sin hijos.

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