Ayer y hoy he sentido la sensación de angustia en la boca del estómago. Como que son ataques de pesimismo y de percibirme impotente o incapaz de lograr mis objetivos. No tengo claridad acerca de lo que me gusta ni sé qué es lo que quiero o anhelo. Me parece que hay algunas cosas si me las planteo como objetivos: vivir en una ciudad a escala humana, tranquila, con buen clima, y hermoso paisaje; vender mi fuerza de trabajo sólo media jornada; utilizar las otras cuatro horas para desarrollar mis potencialidades expresivas; cultivar mis amistades, tener una activa vida social y buena comunicación con mis parientes; estar emparejado con una mujer de unos siete años menos que yo, sencilla y buena onda; pasear, excursionar, conocer la zona; estudiar ciencias sociales.
Hace dos años yo estaba en Santiago, solo, sin casa ni pareja, con la tarea de buscar un local para la imprenta, apesadumbrado, con ansiedad, angustia y pesimismo. Alojaba en casas de amistades y en el taller.
Ayer, cuando conversé con mi tía María Eugenia, me dio que Manuel José le había comentado que era increíble que yo, el más “brillante” de los primos, estuviera en la situación en que estoy. Parece que he decepcionado a todos; pero también me doy cuenta de que me tienen cariño. Me estoy dando conciencia de que en los vínculos familiares hay un potencial afectivo que yo antes no apreciaba o que no valoraba en su justa medida.

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