miércoles, 16 de octubre de 1996

Hoy por la tarde andaba con esa sensación de amargura-pereza que me invade de vez en cuando. Llegué a casa y dormí como una hora. Después de despertar, mi percepción de las cosas había cambiado rotundamente; ya nada me parecía terrible ni insatisfactorio. Antes de recostarme, me comí un plátano. Venía con mucha hambre y había resistido la tentación de comprarme un chocolatito por el camino. El banano estaba sabrosísimo, lo disfruté de verdad.

No hay comentarios: