El miércoles estuvimos con Yury, Salva y Luis repartiendo publicidad del Econolíder en Puente Alto. Se supone que me pagarán $ 10 mil. Tenía que ir denuevo el jueves, pero estaba tan adolorido y fatigado que me quedé en casa. Al día siguiente, desperté achacado, y fue un día de esos “amargos”. Le conté a mi mamá que se me había acabado la fluoxetina y ella, al poco tiempo, me compró 40 cápsulas.
No puedo negar que soy regalón de mi mamá, y que algunas veces descanso en ello. Por ejemplo, actualmente no pago arriendo, no estoy lavándome la ropa, y casi todos los días me llevo de colación algo que preparó ella. Las amigas de mi mamá le han dicho que por culpa de cómo me ha tratado, yo soy poco ambicioso, ingenuo, blando, inocente, poco empeñoso, etc. También Carlos Martínez afirma que mi mamá me tiene “mal criado”, porque yo sé que siempre ella me va a “salvar” o “socorrer”. Yo reconozco esa situación, y, a veces, me da lata pensar que se ponga en duda mi capacidad de autosuficiencia o mi coherencia. Pero, por otra parte, creo que nunca me he aprovechado o he abusado del cariño que me tiene mi mamá. Rara vez le pido cosas, siempre estoy dispuesto a ayudarla, y yo fui el primero de la familia en cortar la función de servidumbre que hacía para el desayuno y las comidas. Por otra parte, me doy cuenta de que lo mejor es aceptar que mi mamá es aprensiva, y que para ella es de suma importancia lo que le suceda a sus hijos; para ella es una satisfacción y realización observar que sus crías están bien, así como cooperar para que eso suceda. Por lo tanto, mi postura ha sido reconocer esa realidad como un hecho, como algo fáctico, pero tener siempre cuidado en no “chacrear” la situación. En la red de relaciones personales que cada uno de nosotros va construyendo, sin duda es destacable los lazos familiares. Sin embargo, no es conveniente sobrecargar ningún punto de la red, pues si se deshace, nos podemos pegar el tremendo costalazo.
Daniela volvió más entusiasmada de Montevideo. Dijo que me echó de menos, y que me deseaba. A los pocos días se quejó de que no la acariciaba lo suficiente antes de hacer el amor. Le señalé que no me nacía mucho. Ahora tiene un romance con un tipo medio diplomático. En nuestra última conversación la felicité por su dicha. Ella me enrostró que cree que yo tengo pereza mental. –Soy un oso perezoso, le repliqué.
No puedo negar que soy regalón de mi mamá, y que algunas veces descanso en ello. Por ejemplo, actualmente no pago arriendo, no estoy lavándome la ropa, y casi todos los días me llevo de colación algo que preparó ella. Las amigas de mi mamá le han dicho que por culpa de cómo me ha tratado, yo soy poco ambicioso, ingenuo, blando, inocente, poco empeñoso, etc. También Carlos Martínez afirma que mi mamá me tiene “mal criado”, porque yo sé que siempre ella me va a “salvar” o “socorrer”. Yo reconozco esa situación, y, a veces, me da lata pensar que se ponga en duda mi capacidad de autosuficiencia o mi coherencia. Pero, por otra parte, creo que nunca me he aprovechado o he abusado del cariño que me tiene mi mamá. Rara vez le pido cosas, siempre estoy dispuesto a ayudarla, y yo fui el primero de la familia en cortar la función de servidumbre que hacía para el desayuno y las comidas. Por otra parte, me doy cuenta de que lo mejor es aceptar que mi mamá es aprensiva, y que para ella es de suma importancia lo que le suceda a sus hijos; para ella es una satisfacción y realización observar que sus crías están bien, así como cooperar para que eso suceda. Por lo tanto, mi postura ha sido reconocer esa realidad como un hecho, como algo fáctico, pero tener siempre cuidado en no “chacrear” la situación. En la red de relaciones personales que cada uno de nosotros va construyendo, sin duda es destacable los lazos familiares. Sin embargo, no es conveniente sobrecargar ningún punto de la red, pues si se deshace, nos podemos pegar el tremendo costalazo.
Daniela volvió más entusiasmada de Montevideo. Dijo que me echó de menos, y que me deseaba. A los pocos días se quejó de que no la acariciaba lo suficiente antes de hacer el amor. Le señalé que no me nacía mucho. Ahora tiene un romance con un tipo medio diplomático. En nuestra última conversación la felicité por su dicha. Ella me enrostró que cree que yo tengo pereza mental. –Soy un oso perezoso, le repliqué.

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