martes, 15 de octubre de 1996

Hace diez años yo estaba preparando por segunda vez la PAA. Hacía unos pocos meses que había cerrado el traumático capítulo de Ingeniería Civil UC. Más bien, estaba en ese proceso, ya que estaba haciendo Cálculo I y Geometría II por tercera vez, cuando decidí congelar la carrera y dedicarme a estudiar para la PAA. No tenía para nada claro qué es lo que deseaba estudiar; sólo sabía que debía ser algo humanista. Contaba con 19 años y había pasado más de un mes desde el fallido atentado contra el tirano. Ya se comenzaba a perfilar que lo único que quedaba era esperar el plebiscito de 1988. Hacía poco tiempo también, había sido asesinado el periodista José Carrasco, militante del MIR.
Y han pasado diez años. Cursé cinco años en la Escuela de Periodismo de la UC. Tuve mi primera relación sexual –con Claudia G.-, a las que seguirían otras 17 parejas sexuales. Pololeé con Andrea, Claudia S., Manuela, Carmen, Soledad; anduve con Graciela, Marcela, Claudia G., etc. He pasado otros casi cinco años de actividad laboral, en El Diario, El Canelo, La Hoja, TPH y la imprenta. En este último proyecto, ya voy a completar tres años. Durante esta década he pasado vacaciones en Maitencillo, Concón, Rinconada de Silva, La Serena, Vichuquén, Cau-Cau, Cachagua; he vivido solo, cuidando casas y departamentos de amigos; he participado en muchos carretes; he asistido a un montón de manifestaciones, marchas, actos de protesta; he estado preso un par de veces por desórdenes en la vía pública, los pacos me patearon hasta cansarse mientras yo estaba en el suelo; participé en el RIA, Elmo, Esperanpaz, Fundación Clotario Blest, Achico, Cosmo, movimientos alternativos y grupos libertarios. Edité el periódico Acción Directa, integré programas para la Radio Tierra, me entrevistaron para la revista del Domingo (sobre los boleros). Estuve en trabajos voluntarios poblacionales. Me mandé el “condorazo” con la pérdida de los dibujos de los niños de La Legua. Fui apoderado de mesa por el PPD para el plebiscito de 1988. Papá y mamá se separaron, falleció mi tío Tedi, nació mi sobrino Adriano, conocí a Cristian, Constanza y Camila, mis otros sobrinos. Supe lo que son los bajones y la depresión severa. Hace como ocho años que se me quitó la neurosis obsesiva (me había durado también como ocho años). Viajé en 1987 a Montevideo, mochileando con el Chuca (Óscar) y con ese cabro socialista que se enamoró de una Uruguaya y que después se fue a vivir allá. Además, estuve en Mendoza con el Nacho Canales y la Carmen Gloria. Disfruté las sesiones orgiásticas con las gemelas y Marisol. Viví la relación con Paola y Paulina. Fui miembro de Integrando. Me enamoré de la autogestión y de la Economía Social. Tuve una batería, aprendí algo de percusión, la presté y luego la regalé. Integré el Movimiento de Integración Latinoamericana, tomé un curso de tango y co-organicé dos festivales de cine. Trabajé en mediciones de flujo vehicular, encuestas, de jardinero, cajero, y repartidor de revistas publicitarias; además, de extra de telenovelas para canal 13. He visto casarse a mis amigos (Carlos Boltes, Vicente Martínez, Daniel Steinmetz, Miguel Guiñez), marcharse lejos a otros (Pepe); y volverse cada vez más “burgueses” a mis ex compañeros de colegio y universidad. He estado en varios velorios, funerales y entierros; creo que uno de los más sentidos fue el del Lolo (Jorge Saball). Me mamé la crisis de los 26-27-28 años, esa edad en que parece que ya se ha vivido todo e irrumpe con toda su fuerza el sin sentido de la existencia. En octubre de 1986 no tenía ninguna claridad acerca de lo que deseaba hacer en los próximos diez años; sólo tenía la convicción de que quería disfrutar mi juventud. Ahora, en que ya soy un joven-maduro, o una adulto joven, me es más importante tener mayor claridad sobre lo que pretendo hacer en los próximos 10 años. Es comprensible, ya que dentro de una década ya seré un adulto-maduro, con menos pelo, más canas, más arrugas, etc. Además, será la época de los treinta y tantos, que me parece que es muy interesante, porque se posee bastante experiencia, junto con gozar todavía de frescura, agilidad y vigor. Por eso, pienso una vez en la frase que escribió hace una década Pablo Álvarez en un muro de la Escuela de Ingeniería de la UC: “hay que vivir la vida al tope, con todo” (“recién estoy comenzando el carrete”).
Me acordé de otras cosas de los últimos 10 años: me hice ciclista, conocí los efectos de la marihuana, yerba mate, fluoxetina y de beber demasiado copete (causa de mis dos visitas a la Posta de El Salvador). Supe lo que es estar en el límite del peso: llegué a los 86 kilogramos, y aprecié el estar en forma y con buen estado físico. Nos cambiamos de Las Condes a Providencia, y conocí otras comunas y barrios.
Hace diez años que me dicen Wari (así me bautizó Vicente Martínez).

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