Cuando camino por la calle, y cruzo delante de una superficie reflejante, me miro y observo que estoy un tanto encorvado. Esta posición –incorrecta- de mi espalda es algo que tiene que ver con mi carácter o personalidad, creo. Porque fisonómicamente corresponde a una persona tímida, “hacia adentro”, insegura; el pecho, o más específicamente el esternón, lo tengo muy hundido, como queriéndome ocultar; quizás no enfrentar el mundo. Por lo mismo, la sensación de angustia, de ahogo; como que respiro y el aire me llega hasta ahí no más.
Lo mismo con los hombros, echados levemente hacia delante; todo lo contrario al gallo que ensancha orgulloso su pechuga. En mi caso, es como para ocultarme, pasar desapercibido.
Aproximadamente llevo cuatro años escribiéndome estas notas. Es entretenido releerlas de vez en cuando, pues se capta la transformación de uno, y se refresca la memoria.

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