jueves, 23 de febrero de 1995

Anoche fuimos con Pepe a la cabaña que arrienda Anke en El Ingenio. Ella estaba bonita, pero más lo era la gringa que la acompañaba: Guete, una preciosa mujer de 1,80 m. Qué manera de contrastar la personalidad de mi amigo con la mía. Él es un tipo muy canchero, desinhibido, divertido, trilingüe, etc. Yo, en cambio, soy cortado, tímido, fome, latero, etc. Como le dije al Pepe cuando íbamos para allá: lo único que me frustra y me hubiera gustado cambiar en mi vida es esta tranca de mi personalidad (inseguridad).

La otra reflexión es que así como hace unos días suspiraba por Paulina, anoche me sentí enamorado de Guete. Esto me confirma el hecho de que las posibilidades posibles de relaciones amorosas son enormes, por lo que no vale la pena perder la cabeza por una sola.

Fue una velada entretenida, simpática y bonita.

Hoy día leí un artículo acerca de la neurosis obsesiva. Allí se mencionaban varias cosas que se ajustan a lo que yo he experimentado. Se afirma que la neurosis se puede atenuar, pero que permanece siempre latente. También se caracterizó a los obsesivos como meticulosos, avaros, obstinados y racionalizadotes. Una afirmación interesante –que me hizo acordar de las explicaciones de Nathan- es que se piensa que tiene conexión con anomalías cerebrales, ya que personas con traumatismo o tumores han manifestado síntomas de neurosis obsesiva. En mi caso, mi neurosis comenzó a expresarse desde, más o menos, los doce años. La obsesión era por ser cada vez mejor, más perfecto, y no “echarme a perder”. Explicar esto me lleva a la siguiente hipótesis: según Nathan, por haber tenido una pequeña asfixia al nacer, se me habría generado la neurosis, junto con una elevada inteligencia. Al ir creciendo, y mostrar mis habilidades intelectuales en el colegio, el ambiente habría preparado la manifestación de la neurosis: la generación de expectativas para con este niño, al cual se le calificaba, premiaba y adulaba por sus notas y desempeño académico. De ahí la obsesión por ser perfecto, y no ser afectado en esto por nada ni nadie.

Una neurosis latente –originada por un factor cerebral- activada por causas ambientales. Inteligencia ligada a neurosis, que pretende protegerla, pero que hace lo contrario: golpes en la cabeza, inhibición para estudiar, etc.

La otra característica del neurótico obsesivo, según Nathan, es su elevado sentido ético. Esto me lleva a pensar en mis inclinaciones ideológicas y en mi última opción: la anarquía, o sea, la teoría de la organización.

Por lo tanto, mi neurosis obsesiva es algo que ha afectado o condicionado toda mi existencia. Ahora que me he hecho consciente de esto, está la cuestión de aprender a convivir con esta “anomalía”. Cómo lograr que, en vez de ser un obstáculo para mi desarrollo, sea un factor potenciador de mi persona.

Lo que se me ocurre es profundizar en el estudio organizacional, y en la praxis anárquica.

Otra característica del neurótico es su dificultad comunicacional y de relaciones interpersonales. Esto se confirma en mí, por mi timidez excesiva, inseguridad, miedo al ridículo, etc. Aquí puede haber una explicación de mi interés por la teoría organizacional, y una oportunidad de conducir mi “anomalía” por un cauce constructivo. Un método de enfrentar la timidez es “tirarse al agua”, sobre todo en el caso de mi relación con las mujeres.

También se vincula con la neurosis la obstaculización de los impulsos artísticos. Cuando el medio comenzó a calificar mis expresiones, el impulso artístico se fue auto censurando, achatando. A veces siento que está aquí, en mi interior, y que sólo tengo que soltarlo. Olvidar el trauma del hacer para ser juzgado por los demás. Recuperar el expresar por el placer de hacerlo. Isabel Miquel dijo una vez que yo tenía enormes energías contenidas, encerradas, y eso es una gran intuición de ella.

Hoy también leí un comentario al libro “Generación X”, que me identificó. Es la situación del joven que llega a su última etapa como tal, es decir, de los 27 a los 30 años. Es la transición a la total adultez, el abandono del hogar materno; asumir la responsabilidad absoluta, y solo. Por esto que la partida de mi mamá a Australia adquiere un especial carácter simbólico, que se suma al alejamiento de mi papá a Punta Arenas.

En la tarde el Pepe me dijo que lo que más le sorprendía de mi conducta era mi inmensa capacidad para “pajearme mentalmente”, para darle vueltas y vueltas a los asuntos en la cabeza.

Obsesiva duda de mi “pinta”, de que si “salvo” o no; si me encontrarán “bueno” las mujeres, etc.

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