Neurosis Obsesivo-Compulsiva, fobia social de interacción (timidez excesiva), depresión neurótica, crisis de pánico, angustia
viernes, 7 de junio de 2002
Tal como dijo Paulina, para subir el ego no hay como ir a darse una vuelta al barrio Suecia. Anoche salí como a las 22 horas rumbo a Bellavista, pasé por fuera del edificio donde vive Rodrigo y no vi a nadie. Caminé hasta la Maestra Vida, y me metí por algunas calles del sector. Circulé por fuera de la casa de Fernando; había luz (eran ya las 23 horas) pero no quise golpear. El frío en los pies me hizo dudar de proseguir mi recorrido, pero pensé que caminando se me pasaría. Me dirigí por la Av. Providencia con dirección oriente. Crucé mirada con una prostituta; tenía desaliento en sus ojos. Entré al Liguria a echar un vistazo y sólo divisé al Chinchín Correa y a un montón de bellas mujeres (un poco cuico el ambiente tal vez). Seguí caminando hasta la galería El Patio. Allí sólo miré desde fuera. Continué hacia el barrio Suecia, topándome con parejas de jóvenes prostitutas teñidas de rubio. Luego de un pequeño recorrido por el lugar, entré un rato a la disco “Infierno”. Era un poco antes de medianoche y la entrada era liberada; como había poca gente, me fui. Luego ingresé a la disco en que habíamos estado hace un tiempo con Rafael. Compré un ron-cola y me puse a observar desde una esquina. Lo que más recuerdo es a un tipo moreno, alto, tipo cubano o brasileño, que estaba bastante bebido y se le tiraba exageradamente a las mujeres. Aunque era pintoso, las niñas le huían. Me gustó mucho una morena que bailaba cerca de mí; poseía una belleza exótica y se movía con mucha sensualidad. Una cosa que me llamó la atención fue el grado en que la gallada se produce para ir a estos lugares. De pronto, crucé una mirada con una chica de expresivos ojos claros; ella iba con una amiga hacia la salida; como había mucha gente apelotonada, pasó muy cerca de mí. Le hice un gesto subiendo mis cejas, a lo que ella respondió sacándome la lengua y diciéndome algún improperio. También me gustó una lola muy bajita que atendía las mesas; me hizo recordar a Andrea de Valdivia. En un momento, entraron tres niñas a bailar. Con la más alta se juntó el moreno agujón, y con las dos restantes, se pusieron a danzar un par de tipos que estaban sentados a mi lado. El espectáculo de baile erótico del morenito con la muchacha grande me produjo risa. Mientras me divertía con ese show, crucé unas pocas miradas con una de sus amigas, una lola muy bonita, que se veía muy tranquila. Con su pelo negro, liso y largo se distinguía de entre las asistentes. Ahora me parece que tiene un aire como de la Sydney O’Connor. Tipo dos de la mañana, me viré; di otra vuelta por la calle de las salsotecas y me encaminé hacia Providencia. Me metí de nuevo a la disco Infierno, como para echar un vistazo antes del regreso. Como había más gente y onda, me puse a observar apoyado a una pared. Un tipo con pinta de gringo, que bailaba solo, me convidó de su trago. Una pareja realizaba un baile muy sensual; ambos eran encachados. Desde el segundo piso, el animador anunció un concurso de baile erótico; se presentaron unas muchachas moviéndose sobre una botella que estaba en el suelo. La tercera o cuarta era la tipa grande que había estado en la otra disco. A continuación, el locutor insistió para que se presentara Ximena. Apareció la niña linda con pelo negro; al comienzo estaba inmovilizada, pero con la ayuda del animador, se mandó un buen espectáculo, que incluía simulación de poses sexuales. Luego vino la competencia de los hombres, y ahí salió a bailar nada menos que el moreno. Casi al final de este presentación, divisé en la pista de baile a Ximena, quien me dirigió su mirada. En primera instancia, dudé de que me estuviera observando a mí, pero el hecho se repitió otra vez. A la tercera, me hizo un llamado con sus manos. Me acerqué y nos pusimos a bailar; tratamos de conversar pero la música estaba muy fuerte. Le propuse que fuéramos a hablar a una mesa, y ella aceptó. Nos presentamos: ella tiene 25 ó 26 años, trabaja de mesera en un restaurante que está a un costado del Parque Arauco; posee estudios de gastronomía y diseño de vestuario. Vive en la comuna de PAC, y tiene planeado viajar a España, y quedarse a vivir allá. Ella me calculó 25 años, y no podía creer que tuviese diez años más; tuve que mostrarle mi cédula de identidad. Le llamó la atención que anduviera “solito” y confesó que me había echado el ojo desde la otra disco. Le invité un trago, y como me faltaban $ 500, ella los puso. Continuamos bailando, y nos mirábamos a los ojos; nos acercábamos, rozábamos las cabezas, hasta que nos dimos el primer beso, largo, profundo. Nos conocimos en el Infierno y estuvimos en el cielo… De ahí en adelante no nos separamos más… En un momento, al salir del baño, ella me esperaba; me agarró y me empujó hacia una pared; allí me acarició y me sujetaba para no escapar de su control. En otras ocasiones, cuando bailábamos, me hacía abrazarla por la espalda; meneaba su traste contra mi zona genital y me tomaba las manos para que se las pusiera en su estómago. También cogía mis manos para que tocara sus pechos. Fue todo muy sensual, y romántico a la vez. Pasadas las cinco de la mañana, tomamos un bus en Providencia. Ella canceló los pasajes. En el trayecto, se dedicó a piropear a unos gringos que iban en el vehículo. La acompañé hasta Teatinos. Nos dimos los últimos besos, anotó de nuevo el teléfono del departamento, y se subió a un colectivo. Al despedirse me dijo: “I love you too much, for ever”. Quedé de llamarla el lunes…
Ese mismo día, pero temprano, acompañé a Eli a comprar a un supermercado. Ella me piropea, afirmando que yo podría ser modelo.
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