Hace diez años tuve mi primera relación sexual. Fue con Claudia G., en mi pieza en el departamento en las Torres de Tajamar. Nos habíamos tomado unos shops en la fuente de soda que está cruzando Av. Providencia. Apenas nos bajamos los pantalones y, como no tenía condones, tuve que hacer un coitus interruptus. Luego de terminar, ella me preguntó si era mi primera vez, a lo que yo respondí que no, que era la segunda, porque me dio un poco de vergüenza reconocer la “pérdida” de mi “castidad”. Desde esa vez, he tenido actividad sexual con 20 mujeres, lo que da un promedio de dos por año. Me parece que ese ritmo está bien, además que coincide con mis pololeos, que, por lo general, no duran más de seis meses. En este mismo período he contado con nueve parejas (andantes o pololas), es decir, casi una por año. Hay que agregar otras 11 mujeres con las que sólo hemos llegad a los besos o “atraques”. Si a éstas les sumo otras dos, tres o cuatro, con las que hubo ondas y atracción mutua que no se concretó, llegaría a 35 relaciones, aproximadamente, lo que significa 3,5 vínculos por año. En consecuencia, no me puedo quejar, o decir que no he tenido suerte con las mujeres. Lo que sí es cierto, es que se me han pasado muchas oportunidades que no he sabido aprovechar a máximo, o ni siquiera un resto, debido en mayor medida a timidez o dejación.
Hay momentos en que me siento viejo, pero basta pensar en mi papá, que me dobla la edad, para ver que a su edad tiene vida sexual, trabaja y carretea.
Hay momentos en que me siento viejo, pero basta pensar en mi papá, que me dobla la edad, para ver que a su edad tiene vida sexual, trabaja y carretea.

No hay comentarios:
Publicar un comentario