jueves, 1 de septiembre de 1994

El martes fue la despedida de Paola, pues se va tres meses a España, a una beca cinematográfica. Yo tenía deseos de verla, ya que no lo hacía desde hace varios meses. Pero, también me atraía la idea de encontrarme con Pati, una amiga de Paola que me gusta. En efecto, allí estaba ella. Desde el comienzo cruzamos miradas. Después, en la cocina me senté junto a ella, con otras personas conversamos temas de relaciones sexuales; mi pierna rozaba las suyas. Si bien es cierto a mi otro costado había una niña atractiva, y que me tiraba pelota, mi preferencia era por Pati. Cuando eran las tres a.m. pasadas, decidió marcharse con sus amigas; las mismas de la última vez. Yo me fui con ellas. Pasó a dejar a las dos. Me preguntó que dónde me dejaba. Yo le dije que en cualquier parte. Llegamos a su casa. Nos bajamos, y nos acercamos para despedirnos. Un beso en la mejilla; me acerqué como para darle uno en la boca, y ella se echó hacia atrás. Le expliqué que me había gustado desde que la vi por primera vez; que había ido a casa de Paola para verla a ella. Me acusó de mentiroso y añadió que estaba de novia, enamorada de su pololo. A pesar que me pedía que me fuera, había una actitud acogedora en ella. No quiso darme su teléfono, pero me aconsejó que se lo pidiera a Gonzalo. Al insistir me indicó que le pasara una tarjeta mía.

Tal como dice el dicho: “hay que arrepentirse de lo que no se hace, y no de lo que se realizó”.

Trataré de ubicarla nuevamente.

Es absurdo contabilizar las relaciones sensuales que se ha tenido, así como compararlas competitivamente con otros o con lo que podría haber sido. Lo que no es ridículo es estar siempre atento para aprovechar las oportunidades al máximo.

Me sorprende la cantidad de mujeres atractivas que veo diariamente en las calles de Santiago centro. Muchas del tipo que a mí me gusta. Con hartas me da la impresión de que “pincho” con la mirada. Myriam afirmó que yo pincho bastante.

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