domingo, 11 de julio de 1993

Varias personas que siempre me habían visto con anteojos se han sorprendido al observarme sin ellos. Hace más de un mes que tengo lentes de contacto. Ellos me preguntan si estoy enfermo o me he golpeado cerca de los ojos. Al explicarles que eso es natural, de inmediato me consultan si tengo antepasados del medio oriente, semitas o algo por el estilo. Yo creo que es herencia de mi abuela Amanda Baleisan. Estoy interesado en saber sobre su padre, que al parecer era vasco.

Al caminar sin gafas entre la gente y al tratar con ella, percibo que estoy menos inhibido. Como que con los anteojos yo estaba siempre detrás de algo, en una vitrina, tras un marco con el cual podía ocultarme de la gente. Además, al recibir comentarios sobre la belleza de mis ojos, me hace bien para mi autoestima. Ahora la relación con las personas es más próxima, directa, nítida, que con gafas.

Yo ocupo anteojos desde 1982, es decir, hace once años. A partir de los 15 años, o sea, una etapa muy compleja y el inicio de la vida amorosa y sexual. Prácticamente estuve toda mi juventud-juventud mirando a través de vidrios con marcos. Creo que aunque uno se acostumbra a las gafas, en el fondo, uno lo tiene siempre presente y condiciona la percepción y las relaciones o vínculos con otros seres, y el mundo.

Inicio mi etapa de joven-adulto o adulto-joven con lentes de contacto. Veremos cómo se dan las cosas.

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