martes, 2 de abril de 2002

Manuel, primo de Chago, me llamó “gentleman”.

Cuando estaba raspando el casco de la lancha con una espátula, recordé un comentario de Carter o Ego. Decían que el trabajo de las costureras les permitía reflexionar mientras cosían, lo que las convertía en buenas militantes. Cualquier pega simple ofrece dos posibilidades: una, siguiendo la enseñanza budista, ser uno con la acción, y, la segunda, es dejar que la mente fluya hasta encontrar insospechadas soluciones. Ambas se pueden conjugar para hacer de todo trabajo una actividad agradable.

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