sábado, 13 de mayo de 2000

Anoche Carola manifestó que ella percibe –tal como quien ve las áureas- que yo soy una persona con muchos temores, que se nota que existe una lucha dentro de mí. Elisa agregó que era como si yo siempre me estuviera conteniendo (cohibido).

Nathan me explicó que hay una estructura cerebral típica de la neurosis obsesiva, que se caracteriza porque existe mayor presencia de sustancias químicas (creo que azúcar) en las zonas frontal y pre frontal. Esto genera las personalidades “pajeras”, “enrolladas”, que le dan demasiadas vueltas a los asuntos y que les cuesta mucho tomar decisiones. Además, se ha estudiado que la neurosis obsesiva se gatilla generalmente por la relación con madres demasiado aprensivas.

En mi caso la obsesión iba por el lado de un anhelo por ser “perfecto”, en el plano físico, intelectual-académico, amoroso-sexual. Habría como un pánico por ser feo, “limitado” o “malo”.

Mi mamá siempre ha tenido temor por el futuro y una visión fatalista, dada al sacrificio y al masoquismo. En contraste, la frase que caracterizaba a mi papá era “de ahí se verá”, es decir, una despreocupación por el tema previsional; llegado el momento se verá cómo se las arregla uno. No obstante, mi papá tenía fijaciones exageradas por el cuidado de la apariencia: aseo, corte de pelo, ropa, zapatos lustrados, pinta, etc.

Yo fui timorato siempre; le tuve susto a la oscuridad hasta los 15 ó 16 años.

También es posible que alrededor de los 12 años se me haya caído la imagen paterna, y que, por lo tanto, sólo habría interiorizado la imagen materna. Quizás debido a esto en más de una ocasión me han dicho que con mis actitudes parezco “mina”.

Otro rasgo de los obsesivos es que, como gastan mucha energía en sus rollos mentales, siempre andan tratando de ahorrar energía de otras actividades, por lo que suelen ser cómodos y harto perezosos. Se aferran en lograr una vida tranquila, sin sobresaltos y relajada. Las relaciones personales les implican también mucho gasto de energía, ya que ese es un asunto que les complica permanentemente. Al neurótico obsesivo le cuesta relacionarse; en mi caso tengo algo parecido a una fobia social de interacción, o, en otras palabras, una timidez excesiva y mucha vergüenza para tratar con desconocidos, más aún si son mujeres.

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