jueves, 20 de julio de 1995

Ingrato soy yo. Donde más se me nota este defecto es en mi indiferencia para con la que fue mi nana, por espacio de aproximadamente 15 años: Bernarda González. Ella me quiso y creo que me quiere mucho. Siempre me protegió, y me regaloneaba. Cuando entraba en mi adolescencia cometí una gran injusticia: estaba en la casa de los Muñoz, nuestros vecinos, con Claudio y Gustavo. Ellos le tenían mala a Bernarda. Yo andaba un tanto enojado con ella. Nos pusimos a pelarla, y yo la traté de india, tonta y otras pesadeces. Sabía que ella nos escuchaba. Ella lloró y le dijo a mi mamá que quería irse, pero ésta la convenció para que se quedara. Hace como 13 años que se fue de casa y se casó. Ahora vive en Renca con sus hijos, y desde hace tiempo que creo que debo visitarla.
Otros ejemplos de “desapegado” es con mis amigos de infancia: Jean Pfeiffer y Rodrigo Pemjean.

Contradicción: romántico, enamoradizo, y, al mismo tiempo, esquivo al amarre y amante de la variedad.
¡Amor libre y entrega espontánea! Ante todo, honestidad

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